Bajo la lluvia

Sillas terraza mojadas

Era la única mesa ocupada en la terraza de la plaza. Tan solo ellos dos estaban sentados tomando algo. A su alrededor, todo desierto. Solo el camarero de vez en cuando, bajo un paraguas, se acercaba a cambiarles las bebidas, que se habían aguado.

Llevaba horas lloviendo sin parar, pero ellos parecían no percatarse. Charlaban y reían, se cogían las manos, se apartaban mutuamente el pelo de la cara, con mimo, sin prisa… se llenaban de besos. Besos húmedos. Húmedos en todos los sentidos.

La gente que pasaba bajo los soportales los miraba con curiosidad. La risa contagiosa de ella sonaba más fuerte que las continuas gotas que caían sobre el empedrado de la plaza. Sus vasos se iban llenando y ellos seguían bebiendo. Sedientos. Con esa ávida sed de los enamorados. Alrededor, nada importaba. El mundo no existía. Solo ellos dos.

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