Una habitación propia

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Ya lo decía Virginia Woolf… Es necesaria una habitación propia. Y yo casi lo acabo de descubrir.

Las últimas semanas hemos hecho algunos cambios en casa. Mi hija decidió cambiar de habitación y trasladarse a la “habitación de Miguel”. En cualquier otra casa, sería la habitación de invitados. Una habitación con una cama que ocuparía cualquiera que viniese de visita a quedarse unos días. Es la cama que tantas veces ocupó mi amigo Miguel a lo largo de muchos años, así que ese cuarto era casi como suyo.

Aprovechando el cambio decidí utilizar su antigua habitación en mi provecho. Además de leer y escribir, una de mis aficiones, como ya sabéis, es el scrap. El sueño de toda scrapera es tener su propia “scraproom”, donde tener todo a mano: herramientas y materiales (los míos estaban desperdigados en distintas zonas de la casa).

Así que me he puesto manos a la obra y he ido organizando mi scraproom, que a su vez hará de despacho o lugar de trabajo (si a esto de escribir a lo tonto se puede considerar un trabajo…). Aprovechando el amplio escritorio, me llevé mi ordenador portátil (que hace años que dejó de ser portátil y tiene que estar permanentemente enchufado) y la impresora. Todo en el mismo lugar. Lejos del mundanal ruido.

Hasta ahora escribía en un rincón de la sala. Zona común y neurálgica de la casa. Compartir espacio equivale a compartir sonidos y demás, así que lo más probable era que mientras yo utilizaba el ordenador o hacía algún trabajo de scrap, otro miembro estaba viendo la tele. Mientras recortas y pegas papeles y cartulinas no importa que estén echando una peli de vaqueros, pero concentrarse a escribir en tales circunstancias es misión imposible. Ahora entiendo por qué mi momento más productivo del día, en cuanto a escritura, es a primera hora de la mañana, mientras tomo mi café tranquilamente y la casa está en completo silencio.

Es curioso que, después de veinte años viviendo aquí, no haya descubierto antes que necesitaba una habitación propia. Máxime cuando podría decir que soy casi una privilegiada por poder tenerla. No todos tienen la suerte de tener en su casa a mayores una habitación para lo que uno quiera. Lo raro es que en todo este tiempo no se me ocurrió utilizar la “habitación de Miguel” para mi propio uso.

Ahora mismo estoy sentada en mi nuevo (aunque ya sea viejo) escritorio, delante de la ventana, donde puedo disfrutar de la luz natural (algo muy de agradecer para quien tiene la vista fatal) y siento una paz hasta ahora desconocida. A un lado, un proyecto de scrap que pronto continuaré. A mano, libretas, bolígrafos, plumas y lo que haga falta para escribir.

Me da que voy a pasar aquí muchas horas. Horas de relax y horas de inspiración. Parece que las letras van a salir con mayor fluidez y ese pequeño bloqueo mental que me había atrapado en los últimos meses va a abandonar mi cuerpo y mi mente. Ya lo estoy sintiendo.

Y no llegaré a ser nunca como Virginia Woolf (y espero, al menos, no acabar con mi vida trágicamente como ella…), pero desde hoy, en mi habitación propia, me siento un poco más escritora…

P.D. : Hoy, precisamente, sería su cumpleaños. Así que le dedico esta entrada.

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