Las patas sobre la cama

Patas de gato en cama

Missy era especial. La gata más guapa. La más lista. La más cariñosa. Casi formaba parte de mí. 

Por las noches, solía subirse a mi cama, se metía bajo las sábanas y dormía plácidamente, acostada cuan larga era a mi lado, con su cabeza apoyada en mi hombro. Se subía a los pies de la cama y hacía el recorrido hasta la almohada, donde yo abría las mantas y le dejaba hueco para que entrase y se acomodase. Cuando sentía sus patitas caminando sobre el colchón, como un resorte mi brazo se levantaba para dejarle sitio. Así fue durante muchos años. 

Una noche, como tantas, sentí que se subía a la cama y caminaba hacia la almohada. Yo, aún medio adormilada, levanté las mantas para dejarla pasar. Pero no entró en su zona de confort. Esperé, pero nada. Encendí la luz y miré alrededor, pero Missy no estaba. Me extrañó. Yo había sentido sus almohadillas hundiéndose en mi colchón, caminando a lo largo de mi cuerpo. Me levanté y fui a la cocina, donde tenía su camita para dormir (cuando no lo hacía en mi cama). Y allí estaba, hecha un ovillo, durmiendo a pierna (pata) suelta. Me paralicé. Mi corazón empezó a latir con fuerza y, siendo sincera, me asusté. Ella sintió mi presencia y abrió un ojo. Me miró, todavía soñolienta, se estiró un poco y volvió a colocarse en una postura cómoda para seguir durmiendo. Yo, contrariada, volví a mi cama. 

Con el paso de los años he dejado de sentir que camina sobre mi cama, pero a veces, muy de pascuas en viernes, siento su presencia. 

5 comentarios en “Las patas sobre la cama

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