Desvaríos de la edad

Rostro en papel arrugado

Sigo sin conseguir que de mi pluma mane un cuento, un relato corto o un poema. No me sale nada medianamente decente. Pero, para llevar la contraria, tengo unas ganas locas de escribir. Siento que cuando voy por la calle la gente me ve con un bocadillo sobre mi cabeza como en un cómic o con subtítulos como en las películas, porque en mi cabeza no paro de hablar y escribir. Pero nada productivo, no me lo explico. Así que estos días, como siento fervorosamente ese deseo incontrolado de escribir, me pasaré por aquí para contar cualquier chorrada que se me ocurra.

Hoy estoy un poco ñoña. En plan crisis de los cuarenta (o más bien de los cincuenta, que están más cerca). De pronto me he sentido vieja. Me he mirado en el espejo y me he sentido más vieja. He entrado en modo pánico y me he dispuesto a poner freno al asunto.

Creo que nunca lo he contado por aquí, pero suelo ver a mediodía, mientras como, el programa que presenta Dani Martínez en Cuatro, “El concurso del año”. Algunos lo conoceréis y otros no tendréis ni idea de lo que estoy hablando (sobre todo mis seguidores de otros países). Para haceros una idea, el programa va de adivinar la edad de la gente. Dos personas van a concursar y tienen que adivinar la edad de siete desconocidos. No es un programa maravilloso ni educativo, pero sí es muy entretenido y si lo empecé a ver básicamente fue por Dani Martínez porque me río mucho con él. Y, como veo poca tele, lo que veo quiero que me haga reír. Luego ya empiezas a cogerle el puntillo al programa y haces tus apuestas. Resulta bastante divertido porque yo, aparte de adivinar las edades, me dedico a adivinar las pistas. Y eso ya tiene guasa. Daría para otra entrada completa otro día. Para adivinar la edad de los desconocidos, dan pistas, de forma aleatoria. Estas pueden ser: una canción que sonaba el año que nació, un acontecimiento de ese mismo año, una foto personal de cuando era pequeño, un dato familiar, un famoso que nació el mismo año… El caso es que mientras el sistema elige aleatoriamente la pista, yo sin mirar digo lo que me parece que va a decir. Yo digo “el famoso” y a los dos segundos el presentador dice “el famoso” (por ejemplo). ¡Acierto un 85% de las veces! Mi hija ya dice que no entiende cómo no somos ricos, que por qué no aprovecho mi don para otras cosas… Como si pudiera…

Pero a lo que vamos, que me lío. El caso es que a veces uno se lleva unas sorpresas enormes con lo mal/bien que se conserva la gente. Que conste que hay que echarle huevos/ovarios para presentarse voluntario como desconocido. Eso de que te estén escudriñando para adivinar tu edad no me parece muy agradable, la verdad. Algunos se irán para casa contentísimos porque le han echado años de menos, pero a otros ya os digo yo que los hunden en la miseria con muchos años de más (a alguno le han echado hasta 14 o 15 años más, que lo he visto).

El caso es que hoy estaban intentando averiguar la edad de una mujer que, desde mi punto de vista era unos años mayor que yo. Resultó tener cuatro años menos, pero yo le había echado cuatro años más. Ufff… un margen de ocho años me parece mucho, ¿no? Es cierto que todos tendemos a vernos más jóvenes de lo que en realidad nos ven los demás. Siempre nos parece que parecemos más jóvenes de lo que somos, pero creo que en la mayoría de los casos nos autoengañamos. ¿Quién no se ha encontrado alguna vez con alguien que no ve desde hace muchísimos años y le parece que está viejo en comparación con nosotros? Pues yo casi apostaría a que al otro le ha pasado lo mismo. A mí me pasa con cierta asiduidad, así que creo que va siendo hora de reconocer que no me estoy viendo como realmente soy. Que sí, que me estoy haciendo vieja, coño.

Cuando he ido al baño a lavarme los dientes me he mirado en el espejo (cosa que no hago muy a menudo) y de pronto he visto que sí se me notan las marcas en los ojos, sin llegar a tener grandes patas de gallo, sí tengo marcas de expresión (espero que sean de las de haberme reído mucho). Y en las comisuras de los labios. Incluso he visto marcas y arrugas raras en mi rostro que antes de usar las puñeteras mascarillas no tenía. El cuello empieza a tener sus marcas también. Y el escote. Y no quise seguir mirando. Cogí el monedero y salí pintando al Mercadona a comprarme una crema reafirmante para el cuello y el escote. Mi presupuesto no me da para las caras de farmacia ni de alta perfumería. Y dicen que las del Mercadona van muy bien. Claro que milagros no creo que hagan. Que lo de cuidarse la piel y empezar a usar cremas hidratantes, nutritivas, antiarrugas y esas cosas hay que hacerlo antes, para prevenir, pero yo para eso siempre he sido muy vaga. Los rituales de limpieza facial no van conmigo. Me limpiaba la cara con productos específicos cuando era joven y me maquillaba diariamente. Y aún así, había muchas noches locas en la que una llegaba tan mal a casa que lo último en lo que pensaba era en desmaquillarse, como para pensar en echarme cremas… Los churretones del rímel me los quitaba al día siguiente. Un desastre, lo sé. Ahora no debería estar quejándome.

Así que no sé si estoy viviendo una crisis existencial, o tenía el síndrome de Peter Pan y he despertado. El caso es que me he dado cuenta, de sopetón, que han pasado muchos años por mí y que de pronto me pesan. Y no, no, no… me niego. Yo no reniego de mi edad. No soy de esas mujeres que dicen que es de mala educación preguntarle la edad a una mujer. No me tiño el mechón de canas que tengo porque me gusta, porque tiene un color plata brillante y por mucho que la gente diga que las canas te hacen mayor, yo insisto en que tengo la edad que tengo. Pero hoy me siento vieja. Y sentirme vieja no me gusta. Quiero disfrutar mis arrugas sintiéndome joven.

De momento, voy a echarme cremita (igual hasta me embadurno) hasta que se me pase la tontería.

Y a vosotros ¿os está pasando u os ha pasado algo así también? Contadme.

4 comentarios en “Desvaríos de la edad

  1. Yo me doy cuenta del paso de los años, no tanto por las canas o la caída de pelo, como porque me duele la espalda al levantarme por las mañanas. O desde que el médico me dijo que tomara una pastilla al día para controlar la tensión. El otro día me hice 16 kilómetros y aguanté el tipo delante de mis acompañantes, pero en casa casi me desplomo, de hecho me dolía hasta el “higadillo”. Todo eso suma y el resultado es haber superado la mítica barrera de los 50. Sin embargo, al margen de estas cosillas, estoy genial de ánimo, de espíritu y me siento bien. Y si me miro en el espejo, me digo, que esto es lo que hay, así que a cuidarlo. Un abrazo

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