Abuela fantasma

Dibujo abuela nietos

Hablaba con una amiga sobre mi última entrada y esas “visiones” de gente fallecida y vino a mi mente, de forma muy nítida, un recuerdo relacionado con el tema.

Hace ya muchos años que no tengo abuelos. El último murió cuando yo tenía veintipocos años. Dicen que la abuela materna es la más importante en la vida de un niño. Según estudios científicos, es la que más carga genética aporta. De la abuela materna es de la que más genes heredamos. Independientemente de la unión afectiva, la abuela materna posiblemente sea la más importante en nuestras vidas. La mía murió demasiado joven, cuando yo tenía 10 años, así que la disfruté, pero no tanto como hubiese querido o necesitado.

Mi hija tiene la gran suerte de poder disfrutar de su abuela materna (incluso casi podría asegurar que la quiere más a ella que a mí) pero, obviamente, mi abuela nunca pudo conocer a mi hija.

Una tarde, cuando la niña era pequeña y todavía iba en su sillita, me pasó algo curioso. Había bajado a pasear y cuando regresaba a casa de mis padres, llegando al portal vi a una mujer mayor sentada en el escalón. Era una de esas mujeres de antes, vestida con ropas oscuras y un pañuelo en la cabeza (como siempre le había visto a mi abuela). Al llegar a la altura del portal, yo me paré a buscar las llaves en mi bolso. La mujer se levantó. Parecía que solo se había sentado allí un momento a descansar y se disponía a proseguir su camino. Miró sonriendo a la niña, me miró a mí y me preguntó: ¿es tu hija? Si-respondí. Qué guapa-dijo- pues que dios te la conserve muchos años… La miré a los ojos y juro que vi a mi abuela. Era mi abuela la que había pronunciado esa frase. Acto seguido se giró y comenzó a caminar calle arriba. A mí se me puso un nudo en el estómago y por un momento estuve a punto de salir corriendo a abrazarla.

Sé que a la mayoría de la gente esto le suena a locura, pero es real. No se trataba de que yo estuviese pasando el duelo por la muerte de mi abuela, porque en realidad ella había fallecido hacía más de veinte años. Pero estoy convencida de que ese día mi abuela conoció a su bisnieta. Y, no sé por qué, pensé que de alguna forma le estaba dando suerte a mi hija.

¿Absurdo? Puede. Pero han pasado más de dieciséis años y todavía tengo esa imagen grabada. Su voz. Y su mirada. Y donde esté sé que nos está cuidando.

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