13 de marzo

Covid 19

Hace hoy justamente un año que nuestra vida cambió para siempre. Y no volverá a ser igual. Quién nos iba a decir aquel viernes 13 lo que realmente se nos venía encima. Creo que nadie se lo podía imaginar.

Recuerdo la incertidumbre, la sorpresa, la confusión. Aquel día trabajé como cualquier otro día normal, mañana y tarde, pero en los colegios ya habían suspendido las clases. El aire estaba enrarecido. En toda la semana había escuchado que en los supermercados escaseaba el papel higiénico, pero no lo había visto con mis propios ojos, porque esa semana no había ido a nada al súper. Pero la verdad era que yo tenía que comprarlo, no para hacer acopio, sino porque se me estaba acabando y tocaba reponerlo, como en cualquier otra ocasión. Era una necesidad, así que al salir del trabajo paré en el supermercado que me queda más cerca de casa a coger un par de cosas. Allí me encontré a una amiga a la que no veía desde hacía, por lo menos, doce o trece años. Fue una situación curiosa porque todavía no se usaban mascarillas, pero ya llevaban días aconsejando no dar besos ni abrazos. Por un instante no supimos qué hacer, pero finalmente con un ¡qué coño! nos dimos un par de besos. Fue totalmente inconsciente. Ahora mismo no lo haría pero en aquel momento fue lo que me salió del alma. Eran muchos años…

Como era viernes tocaba tomarse una merecida cervecita en el bar de al lado. Allí nos enteramos de que habían decretado el estado de alarma, que entraría en vigor al día siguiente. Recuerdo la cara de todos, el dueño, los camareros, los clientes. Era todo como irreal. La angustia del dueño del local, pensando en todas las reservas de comidas y cenas que tenía para ese fin de semana y que tenía que cancelar. Al borde del llanto. Me llevé para casa un tupper con comida que se le iba a estropear.

Me fui a mi casa pensando que iba a pasar un fin de semana tranquilo, pero agobiada pensando en que el lunes no podría ir al trabajo y tenía cosas pendientes. Incluso tendría algo de comida por allí que se acabaría estropeando. Era un poco preocupante, pero sin alcanzar a ver lo que se nos venía encima.

Tengo que ser sincera si digo que yo los primeros días de confinamiento apenas noté diferencia con cualquier otro fin de semana. Disfruto de la tranquilidad de mi casa y estaba acostumbrada a pasarme fines de semana enteros sin salir a nada. Así como muchos se agobiaron y se les caía la casa encima, yo disfruté. Sin horarios, sin prisas, disfrutando de leer o de hacer scrap… eso era una maravilla.

Estoy acostumbrada al silencio. Me gusta y lo disfruto (cuando puedo). Pero llegó un momento en que me resultó perturbador. Cuando se paró todo, todo, excepto lo esencial, me sorprendí. Una mañana descubrí que sólo oía el sonido de los pájaros cantando. La empresa de al lado había dejado de trabajar. No entraban y salían coches. No pasaba un solo vehículo por la carretera de al lado. El silencio fue demoledor. Brutal. Inquietante.

Algo que me impactó sobremanera fue el primer día que fui a la ciudad (vivo en las afueras). Un problema ocular me obligó a ir a un oftalmólogo de urgencias y el hecho de ir por la carretera sin apenas cruzarse con otro vehículo y encontrar las calles vacías y todo cerrado fue un shock.

Luego vendría el resto. Las muertes. Los hospitales colapsados. La solidaridad. Los aplausos. Las increpaciones. Los conflictos políticos. La ruina económica. Las familias destrozadas. El miedo. La frustración. El aburrimiento. El cansancio. La soledad. La tristeza. La agonía. Y la rueda girando. Y volver a empezar.

Esta parece ser una pesadilla que no tiene fin. No sé si realmente acabará algún día. Se aplacará. Mejorará. Pero la vuelta a la normalidad habrá costado muchas vidas.

Un año ya y seguimos con la incertidumbre a tope. Si fuese católica -o, de algún modo, religiosa- diría eso de “que dios nos coja confesados”…

4 comentarios en “13 de marzo

  1. Es curioso que vivimos en carne propia un evento que ha alterado la marcha de las cosas. En mi caso fue casi exactamente igual que como lo describes, pero un día como hoy, los jefes nos llevaron a una sala de juntas para decirnos que “posiblemente tendríamos qué trabajar desde casa, y que los directivos estaban evaluando las opciones”. Nos pidieron que estuvieramos preparados. Al siguiente domingo fui al súper a hacer mis compras habituales, pero sabiendo lo que estaba pasando, y ya había muchos estantes vacíos. Saludos.

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