Radical

Gente en círculo

Mi actividad en redes sociales -sin contar este blog- se limita, básicamente, al Facebook. Lo tengo desde hace bastantes años y participo activamente, a diario. Instagram lo uso muy poco porque no soy muy dada a sacar fotos. Y el año pasado me abrí una cuenta de Twitter y todavía no sé para qué, porque no la uso ni me gusta.

Lo que os vengo a contar hoy es algo así como un cruce de cables que sufro de vez en cuando. El mes pasado el Facebook me recordó que hace unos años hice “limpieza” de amistades en mi cuenta. Pedí a mis amigos virtuales que, si querían seguir leyendo las chorradas que cuelgo, me lo hiciesen saber en un comentario y pasados unos días, los que no se hubiesen pronunciado al respecto, serían eliminados de mi lista de amigos del Facebook. Eso no quiere decir que fuesen eliminados de mi vida (algunos sí, y esa era la intención). En aquel momento me quedé con la mitad de amigos. Solté algo de lastre.

El caso es que a raíz de ese recuerdo, decidí volver a hacer lo mismo, aunque esta vez di un mes de margen porque tengo amigos que apenas se conectan y no se enteran. La vez anterior muchos no se enteraron y luego me mandaban mensajes para volver a enviar una solicitud de amistad. Así que di más margen para que no hubiese excusa.

En realidad, le doy oportunidad a la gente a que se deshaga de mí sin que ninguno de los dos nos sintamos violentados. El que quiera dejar de leerme, lo tiene muy fácil. Con no contestar a mi llamamiento, está solucionado; me pierde de vista sin tener que hacer nada. Para alguno seguramente será un alivio. Para mí, en cierto modo, también. No voy a negar que es un modo de desconectarme de personas que no me aportan absolutamente nada. Al principio, mis amigos de Facebook eran todos conocidos en la vida real, pero en los últimos años he añadido mucha gente a la que no conozco personalmente pero con la que comparto muchas cosas, tanto relacionados con la escritura como con el scrap. Y he descubierto a gente maravillosa y con muchísimo talento, de la que aprendo cada día.

Pues se ha acabado el plazo y lo he hecho. He eliminado al 60% de los amigos que tenía en el Facebook. Sólo el 40% se manifestó eligiendo quedarse. Algunos estarán felices, otros enfadados, otros alucinados y unos cuantos ni se habrán enterado hasta que un día descubran que no ven nada de lo que publico y caerán en la cuenta. Tengo que confesar que no me ha gustado eliminar a tanta gente. De hecho, incluso me apena y estoy triste. Pero yo me considero una mujer de palabra. Y la he cumplido. Yo me inventé las reglas del juego y he tenido que cumplirlas hasta el final.

Considero que tenía que hacerlo (aunque me duela). Mi pareja dice que soy una radical. Quizá lo sea. A mí no me lo parece. Simplemente soy consecuente con mis palabras y mis actos. Procuro serlo siempre en mi vida, aunque no sea siempre plato de buen gusto. ¿Pero qué clase de persona sería si no soy capaz de cumplir mis propias normas? No me gusta decir hoy una cosa y mañana hacer todo lo contrario. No va con mi forma de ser.

Lo de llamarme radical viene de largo. Recuerdo una vez, cuando mi hija era pequeña e iba en cuarto o quinto de primaria, que me pidió una pulserita de esas que vendían en las librerías que venían en un sobre. Una chorrada de un euro, pero que no era tampoco para andar comprando todos los días. Le propuse un trato: si sacaba como mínimo un 50 en el examen de inglés (tenían unas calificaciones raras en esa asignatura y creo que la máxima puntuación era 70), yo le compraba la pulsera. Ella aceptó. Al día siguiente, de camino al cole, paré en la librería y le compré la pulsera. Cuando salió de clase y me dijo la nota que había sacado su cara era todo un poema. Un 49. La pulsera permaneció guardada en el fondo de mi bolso. Me dio pena, pero no se la di. Un trato es un trato. Me llamaron exagerada y su padre, sobre todo, radical. Yo hice lo que consideraba justo. Aunque no sea lo ideal. Pero la vida es así ¿no?

Pues he eliminado de mi lista de Facebook a amigos de muchos años e incluso a personas de mi familia. Incluso he eliminado a mi ahijado. Y a mi hermana no porque escribió en plan coña, que sino también se hubiese ido fuera. Mantengo mi palabra. Algunos se lo toman a cachondeo. Otros estoy casi segura de que incluso se enfadarán.

He cortado un hilo conector con personas que en los últimos años he ido descubriendo y que me aportaban mucho, pero espero que me comprendan. Y deseo, no voy a negarlo, que haya sido porque no se habían enterado de mi “ultimatum” y quieran volver a ser mis amigos. De otras personas no es tan relevante desconectarme a través del Facebook, porque mi contacto con ellos no es a través de este medio; tengo sus teléfonos, sé donde viven, hablamos y nos conectamos de otros modos. El “caralibro” es secundario.

Yo solo he hecho lo que dije que haría. Simplemente. ¿Os parezco muy radical? Quizá lo sea. O no. Lo único que he querido ser es consecuente con mis palabras y mis actos.

Si alguno de mis amigos “eliminados” me lee y se entera así de casualidad, que sepa que no ha sido por nada malo. No me he enfadado con nadie. No ha sido una traición. Si se sienten ofendidos, pido perdón. Mi casa (virtual) sigue abierta.

2 comentarios en “Radical

  1. A ver como te digo… un pelín radical si que pareces. Lo de la gente que no te aporta, tiene su lógica, pero no se yo … tu ahijado y tu hermana se ha librado por los pelos. De todas formas, de lo que no hay duda es que eres consecuente con tu planteamiento y eso es positivo. Y como reflexión el post está genial. Yo no participo en las redes, si acaso la excepción de LinkedIn por cuestiones profesionales. A ti te llaman radical y a mí, mi hija me dice directamente que soy un carca. Que paciencia 🙄 un abrazo.

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    1. Quizá no sea solo un pelín y sea un exceso. A veces hago cosas por ímpetu que luego me arrepiento y me meto en berenjenales de los que ya no puedo salir. Mi cabezonería me puede y siempre digo que hay que apechugar con lo que haces. Si haces las cosas mal, pagas las consecuencias. A lo hecho, pecho. Lo bueno es que, generalmente, esas acciones mal enfocadas solo me afectan a mí. En caso de afectar a los demás, reconozco mis errores y sé pedir perdón. Ahí sí reculo, si le afecta a otros.
      No sé si me explico. Creo que suena un poco a locura, pero yo me entiendo.
      Por cierto… creo que para todos los hijos los padres somos unos carcas… jajaja.
      Feliz martes, Carlos. Un abrazo.

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