Vestirse de novia

Vestido de novia

Cuando tenía dieciséis o diecisiete años, una aburrida tarde de otoño paseaba con una de mis mejores amigas, cuando se le ocurrió decir:

-Me gustaría verme vestida de novia.

-Pues vayamos a probar vestidos de novia.

-¿Eso se puede hacer? – respondió, incrédula.

-¿Por qué no? – respondí yo.

La verdad es que a esa edad aparentaba ser mayor. Nunca me habían pedido el carné para entrar en una discoteca, así que ahora bien podía parecer una joven novia a punto de casarse.

Y así, como dos adolescentes de hoy en día que se van a probar ropa a Bershka, entramos en una tienda de vestidos de novia. Además, era mi tienda favorita de ese gremio, porque en el escaparate siempre tenía unos vestidos espectaculares.

Cuando llegamos, la dependienta nos hizo una serie de preguntas relacionadas con la boda y nos cogió desprevenidas. Lo primero -y elemental- era la fecha de la boda. No habíamos pensado en ello y tuvimos que improvisar. Y hacer que coincidiese en fin de semana. Con las prisas dijimos una fecha demasiado próxima (así había menos margen de error) y la dependienta nos dijo que estábamos ya con poco tiempo. Aún así, amablemente nos enseñó varios modelos. De entre todos escogió un par de ellos y nos fuimos al probador.

El probador era enorme y nos pareció majestuoso. Era de película. Casi parecía un sacrilegio posar los viejos vaqueros sobre el butacón. Ayudé a mi amiga a vestirse, abrochando los infinitos botones de la espalda. Yo ya estaba cansada antes de que acabase de vestirse, no me quería imaginar una novia de verdad. Entre tanta tela y tanta parafernalia. Pero cuando mi amiga se vio en el espejo, su cara se iluminó. Estaba preciosa. Blanca y radiante va la novia… como diría la canción. Giró sobre sí misma una docena de veces. Saltó. Rio. Casi lloró. Nos reímos juntas de la situación. Nunca se había imaginado verse vestida de novia. Pero sólo queda el recuerdo en nuestras cabezas, porque no pudimos inmortalizar aquella imagen. Hoy en día sería tan fácil con los móviles…

Después de que le dependienta se preocupase en todo momento de si estaba todo bien, la talla adecuada (generalmente hay que hacer arreglos, pero en ese caso ni hacía falta) y demás, escurrimos el bulto diciendo que aquel era el vestido que quería, el vestido de sus sueños, pero que quería que lo viese su madre, así que pasaría con ella para verlo al día siguiente, ya que ese día no había podido acompañarla. Supongo que la dependienta sabía perfectamente que jamás volvería, pero nos dejó cumplir un sueño. Creo que era una cuestión de empatía.

Salimos de la tienda a toda prisa. Ella en una nube todavía. Yo muerta de risa. Entonces me picó el gusanillo y dije que yo también quería probar esa sensación. Y eso que ni siquiera tenía intención de casarme en la vida. A un par de manzanas había otra tienda de novias y allí nos dirigimos, mientras íbamos pensando los datos que íbamos a dar para que no nos cogiesen otra vez desprevenidas. Buscamos fecha, pero esta vez más lejana en el tiempo, para que hubiese más margen. Nos inventamos la fecha, la iglesia donde sería el enlace, el restaurante del banquete, el nombre de mi futuro marido y hasta el de mi suegra. Lo teníamos todo preparado.

Cuando llegamos a la tienda y le dijimos a la dependienta (una mujer bastante mayor que la anterior y, me temo que con menos empatía) que era yo la que se iba a casar, preguntó, antes de nada, la fecha. Por supuesto, yo ya la tenía preparada, y cuando se la di respondió (de mala gana):

-Uy, aún falta mucho… Todavía no nos ha llegado la colección de verano. Vuelve el mes que viene.

Y se quedó tan ancha. No se molestó en mostrarme un vestido de novia de primavera o de la temporada pasada. Nada. Ni se inmutó. MI gozo en un pozo. Tocada y hundida.

Salí de la tienda indignada. Y entonces era mi amiga la que se moría de la risa.

Dicen que vestirse de novia si no te vas a casar trae mala suerte; que no te casas. A mí, la verdad, me daba igual si algún día llegaba a casarme o no. Pero yo aquel día quería verme vestida de novia.

Tiene gracia porque mi amiga lleva veinticinco años casada y yo no me he casado nunca.

2 comentarios en “Vestirse de novia

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