Como un muñeco

Cara de muñeco

Últimamente se sentía como aquel muñeco que había tenido de niña. Un bebé que lloraba, reía y hasta se hacía pis. Un 3 en 1. Ella también tenía ganas de llorar y de reír y de buena gana se mearía encima de algún gilipollas.

Un botón en la espalda que hacía la función de encender o apagar la risa y el llanto. Parecía dolorosa aquella dureza sobre un cuerpo vacío, con extremidades rígidas y de limitados movimientos.

Se sentía como aquel muñeco que, abandonado hacía tiempo en el fondo de un armario, sin pilas ya, se había puesto a llorar en mitad de la noche. Que no podía ser, pero lo había hecho. Y luego había comenzado a reír cual muñeco diabólico. Y para rematar, se había hecho pis.

Ella quería que le cambiasen de ropa, que le diesen un chupete y muchos mimos. Una canción de cuna, quizá, para calmarla.

Y vuelta a la risa, el llanto y la incontinencia urinaria.

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