El triunfador

Cocina restaurante

Casi todos los días coincidía con él en el ascensor. Siempre vestido de traje y corbata, recién afeitado y oliendo a recién duchado. A jabón. No a colonia. A jabón de Marsella.

Era guapo el vecino del 7º. Alto y moreno. Con un porte distinguido. Serio y educado. Cada mañana le daba los buenos días con una sonrisa y siempre tenía una palabra amable.

Llevaba ya un par de meses obsesionada con aquel hombre. Parecía haberla hechizado. Ella fue indagando y descubrió dónde trabajaba: en el “Pimienta y Sal”, uno de los restaurantes más lujosos de la ciudad. Seguro que era el encargado, o el mismo dueño. Aunque, siendo así, no comprendía qué hacía viviendo en aquel viejo edificio de un barrio de mala muerte.

Aprovechando la paga extra que le acababan de pagar, decidió darse un capricho y reservó mesa para comer el sábado con su amiga Noe en el susodicho restaurante. Se puso sus mejores galas (es decir, el vestido ajustado de estampado de leopardo), con unos tacones de vértigo y pestañas postizas.

Una vez allí, por un momento, se sintió fuera de lugar. Pero enseguida se empoderó. El menú era más caro de lo que ella se había imaginado, pero había merecido la pena. Y si conseguía ligarse al vecino, seguro que podría darse el gustazo más a menudo.

Tras el postre, le dijo al camarero, con cierto aire altivo, que le gustaría saludar al  señor Torres, que era una amiga suya.

-Disculpe, ¿el señor Torres, dice?

-Sí, Guillermo Torres.

-Aquí no hay ningún Guillermo Torres.

-¿Cómo que no? El encargado de todo esto…

-Disculpe, señorita, pero el encargado de este local no se llama Guillermo Torres.

-Pues el dueño, chico… el que manda…

-Aquí sólo hay un Guillermo, pero…

-Pues avísele, que la Lily está aquí.

El camarero se retiró un tanto desconcertado, desapareció tras el biombo que daba a  la cocina y al cabo de un par de minutos salió su vecino, con un delantal, un gorro y unos guantes de goma.

Aquella visión la dejó estupefacta.

-¿Pero qué haces vestido así?

-Es mi uniforme de trabajo.

-Pero…

-Trabajo de lavaplatos.

-Pero entonces ¿por qué siempre vas vestido de traje?

-Mi madre siempre me dijo que en la vida debía ir vestido como quisiese y me sintiese. Y yo me siento un triunfador…

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