La mujer de la ventana

Ventana

Era la hora del recreo y estábamos jugando en el patio que daba a la plaza rodeada de edificios. Saltábamos a la comba y paramos a descansar. Hicimos un pequeño corrillo mientras hablábamos y reíamos ajenas a lo que nos rodeaba.

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La loca del barrio

Rostro pintado

La llamaban “la loca del barrio”. Porque, sin duda, era especial. Siempre vestida de modo estrafalario, ajena a cualquier moda y totalmente carente de gusto estético para sus estilismos. Un día te cruzabas con ella y llevaba unas mallas de estampado étnico con unas zapatillas deportivas ultramodernas, que bien podían ser de alguno de sus sobrinos, con una blusa estilo bohemio y unos enormes pendientes de plumas multicolor. Al otro día se paseaba por el barrio con una falda de pana, zapatos de tacón de carrete y una cazadora de chándal Adidas de los años ochenta; y también, cómo no, unos enormes y coloridos pendientes.

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Bendita lluvia

Lluvia Padrón

Por fin la lluvia había hecho acto de presencia. Bendita lluvia. Llovía fuera y llovía dentro.

Fuera, el agua mojaba su rostro, llevándose consigo el llanto. Caía sobre su piel borrando huellas y aliviando dolores. Dentro, limpiaba su corazón y lavaba su conciencia, purificando su alma.

El agua de la lluvia mojaba la tierra del camino que había tomado hacia su vida querida. Y esa misma lluvia haría que reverdeciese.

Se dejó acariciar por las gotas que acariciaban su rostro. Alzó las manos al cielo, agradecida.

La lluvia se llevaba por delante lo malo y dejaba el aire limpio para poder respirar sin miedo. Allí, bajo tan ansiada lluvia, comenzaba una nueva vida. Y florecía.

Texto para +100 Escritos a Padrón.

El diario

Lacajadepandora

Las tapas eran de símil piel color granate con unas preciosas flores grabadas en un brillante dorado que no había conseguido deslucir después de tanto tiempo. También los bordes de las hojas lucían de un dorado impoluto haciendo que pareciese un libro majestuoso. Lo único que daba muestra de su antigüedad era el ribete de la solapa donde estaba situada la cerradura que daba privacidad al diario. Salpicaduras de óxido le otorgaban el toque decadente.

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Tu tren

Pareja tren

El tren está a punto de partir. Tengo que bajarme.

Sólo he venido a despedirte. Tú tienes tu billete. Yo ni siquiera sé a dónde quiero ir.

Escucho el silbido del tren anunciando la salida. Es tarde.

Me dirijo a la puerta y me agarras del brazo. Me suplicas que no me baje. Que me vaya contigo. Pero sé que este tren no es el mío.

No viajaremos en el mismo vagón. Al menos hoy.

Yo me quedo. Tú ve tranquilo a tu destino. Esperaré tu postal.