Olas

olas

Esta mañana he tomado un café en un bar antes de entrar a trabajar. De fondo, la televisión con las últimas noticias. Oigo de refilón algo sobre una tercera ola inminente. Siguen hablando del coronavirus. Y yo al oír hablar de olas pienso en las del mar Cantábrico, que está bien cabreado estos días. Esas sí son olas. Porque lo otro… Ha sido un vaivén continuo. Un ir y venir. No se ha ido y ha vuelto. Está ahí, sigue ahí y no tiene intención de irse en una temporada, me temo. No al menos mientras no se tomen las cosas con la rigurosidad que se debería. Pero, claro, son olas…. van y vienen… y si no tienes cuidado y te ves envuelto en una de ellas, todo dará vueltas y será complicado salir.

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Una hora más

Reloj despertador

Me levanto con la certeza de que en realidad es más temprano de lo que marca mi reloj de pulsera… todavía no he cambiado la hora. Retroceder una hora resulta en estos tiempos casi un suplicio. No trae la alegría acostumbrada. Una hora más… qué bien… decíamos hace unos meses. Una hora más no, por favor… decimos ahora. 

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Llovizna

Llovizna

He salido a caminar y se ha puesto a lloviznar y eso me ha malhumorado. Ya he comentado muchas veces que me encanta pasear bajo la lluvia. Desde pequeña, siempre me ha gustado. Pero no es lo mismo pasear bajo la lluvia que bajo la llovizna. Ni punto de comparación. “Orballo”, lo llamamos en mi tierra (Galicia). Y es una palabra que me parece realmente hermosa, pero no así lo que implica.

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