Olor a fresas

Fresas

Viéndolo de lejos, con el cuerpo lleno de tatuajes y esculpido a base de machacarse en el gimnasio, parecía dar un poco de miedo. Su apariencia de malote te hacía estar en alerta cuando se acercaba. Pero una vez cerca, perdía todo ese respeto que infundía. Pasaba de ser el chico rebelde a ser el osito de peluche. Y todo era debido a su olor.

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El paquete

Harley

Su pasión eran las motos, pero a ella le daban un poco de miedo. Cuando la conoció, lo primero que hizo fue invitarla a dar una vuelta con él en su moto. A ella le daba un poco de apuro, porque llevaba un vestido veraniego y no le parecía lo más apropiado, pero él insistió alegando que iría despacio, sintiendo nada más el aire como una caricia.

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Su canción

Rosa y partiturra

(Imagen de Ri Butov en Pixabay)

Acababa de dar el último bocado al sándwich que se había preparado para cenar, cuando le sonó el móvil. Dudó y tuvo que afinar el oído para ubicarlo, porque ni siquiera recordaba dónde lo había dejado cuando llegó del trabajo. Sobre el mueble de la entrada sonaba cada vez más impaciente. Era un número oculto y por un momento dudó en contestar, pero luego pensó que podía ser que la estuviesen llamando de la tele para darle un premio y no iba a desaprovechar la oportunidad. Nunca hay que darle la espalda a la buena suerte.

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Amor gatuno

gatos

Mientras pasaba el aspirador a la alfombra de la sala y Mrs. June se frotaba a sus piernas con el rabo levantado a la vez que maullaba, no podía dejar de pensar en lo que últimamente todo el mundo se empeñaba en decirle: <<Te vas a convertir en una vieja solterona rodeada de gatos>>. Una sonrisa asomó a su cara. No se imaginaba nada más maravilloso que envejecer rodeada de gatos. Pero, de momento, le llegaba con Mrs. June. Y ella no era vieja, era adulta. No era una solterona, era libre. Y le encantaban los gatos. Así que podían meterse su trillada frasecita por donde quisiesen.

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Nunca dejes de observar (2)

Dibujo chica café

Es curiosa la forma de leer que tiene cada persona.  Sobre todo, dependiendo del momento y las circunstancias. Él leía relajado en la silla del bar, pero siempre manteniendo una postura acorde con el lugar en el que estaba. Espalda recta y el libro apoyado en la mesa, pero sujeto con la mano. La posición de las piernas delataba su estado. Cuando leía algo tranquilo y placentero, estiraba las piernas hacia delante, con los pies cruzados sobre los tobillos; típica postura de relajación total. Cuando estaba en tensión, leyendo fragmentos especialmente intrigantes o turbios, encogía las piernas bajo la silla. Los músculos de todo su cuerpo parecían en tensión. A veces se pasaba la mano sobre el pelo, echándolo hacia atrás. Cuando lo hacía con una sola mano era porque estaba intrigante, cuando lo hacía con los dos a la vez, la historia que estaba leyendo estaba en el punto álgido. Él era la demostración gráfica de la expresión “como un libro abierto”. Cuando ella se percataba de eso, no podía evitar dejar escapar una sonrisa. Seguro que en su casa era de los que se tumbaba en el sofá con los pies sobre la mesa.

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Nunca dejes de observar (1)

Dibujo chica café

Este es el relato que había enviado a concurso hace unas semanas. Ayer se dieron a conocer los resultados y no resultó ser ganador. Ni siquiera el segundo puesto. Así que, para que no quede en el olvido, lo comparto por aquí. Lo haré en dos partes para no extenderme tanto.

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Flamenca

Flamenca

Ella siempre había querido vestirse de flamenca. Le parecía el summun de la libertad. Como si los volantes la pudiesen llevar a cualquier lugar. Y en cierto modo así había sido. Todavía no se creía que hubiese logrado escapar. Librarse de un casamiento pactado con aquel viejo que habían elegido sus padres para ella sin darle opción a negarse. Escapar de aquel país, de aquel machismo, de aquella humillación constante. Dejar que el sol iluminase su bonito pelo y sonreír sin miedo.

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